Nadie dice que estoy más perdido que una gallina en una reunión de zorros.
Esta foto fue una idea que tuvimos Karlita y yo la vez pasada que fuimos a Puntarenas. Llevé mi binoculares, y cuando vi el anuncio de "baños" le dije a Karlita que sería muy cómico hacer una foto en donde pareciera que yo estuviera perdido buscando los baños y con el signo justo detrás de mí. Creo que la foto quedó muy vacilona. Karlita y yo disfrutamos mucho haciéndola y siempre que la veo me hace reír.
Viendo lo perdido que luzco en esta foto, me acorde del cuento del Camello Perdido. Como tiene una bonita moraleje he decidido transcribirlo aquí. Lamentablemente no conozco al autor. Si alguien lo conoce no dude en escribirme.
El Camello Perdido
Un derviche que viajaba solo por el desierto se encontró con dos comerciantes.
-¿Han perdido ustedes algún camello?-les preguntó.
-Sí-contestaron ellos.
-¿Era ciego del ojo derecho y cojo de la pata
izquierda?-volvió a preguntar el derviche.
-Sí.
-¿Había perdido un diente?-siguió preguntando
el derviche.
-Sí.
-¿Estaba cargado de miel y de maíz?
-Sí, sí-dijeron los comerciantes.-Díganos
dónde está.
-No lo sé-dijo tranquilamente el derviche.
-Pero ¿no lo ha visto usted?
-Nunca he visto ese camello, ni he oído hablar
de él más que a ustedes.
Los comerciantes se miraron sorprendidos, y creyeron
ser víctimas de un engaño y de un robo.
Se acercaron a él, le cogieron y le preguntaron:
-¿Dónde está el camello, y qué ha hecho usted de
las joyas que había entre la carga?
-No he visto el camello, las joyas y la carga-repitió
el derviche.
Entonces le condujeron ante el Cadí para que lo juzgara; pero después de un examen muy detenido no resultó nada en contra del derviche. No era culpable de mentira ni de robo.
-Es un hechicero-exclamaron los comerciantes.
Pero el derviche le dijo tranquilamente al Cadí:
-Veo que está usted sorprendido, y que sospecha que estoy engañándole. Quizás le he dado motivo para ello, y debo explicarme. He vivido muchos años, y aunque no he aprendido nada nuevo, me he habituado a ver con cuidado y a pensar bien en lo que veo, aunque sea en el desierto. Encontré esta mañana las huellas de un camello que iba perdido, porque junto a sus pisadas no había ninguna pisada humana. Comprendí que el camello era ciego del ojo derecho, porque estaba intacta la hierba de ese lado, y la del izquierdo se la había comido al pasar, y deduje que iba cojo, porque apenas se marcaban en la arena las pisadas de una de sus patas. Noté además que le faltaba un diente, porque en donde había mordido la hierba quedaba siempre en ella un pequeño espacio sin cortar. Hallé en el suelo algunas hormigas arrastrando algunos granos de maíz, caídos en la misma dirección de las pisadas del camello, y también hallé algunos montones de moscas disputándose unas gotas de miel, y por estas señas conocí la carga que aquél llevaba.
Así que ya saben, amigos, no hay que apresurarse a juzgar a las personas.



